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Ambientacion

Mensaje por Fifty Shades el Vie 25 Ene 2013, 12:58







Ambientacion


He sobrevivido al tercer día post-Christian y a mi primer día
en el trabajo. Me ha hecho bien distraerme. El tiempo ha
pasado volando entre una nebulosa de caras nuevas, trabajo por
hacer y el señor Jack Hyde. El señor Jack Hyde… se apoya en mi
mesa, y sus ojos azules brillan cuando baja la mirada y me sonríe.
—Un trabajo excelente, Ana. Me parece que formaremos un
gran equipo.
Yo tuerzo los labios hacia arriba y consigo algo parecido a una
sonrisa.
—Yo ya me voy, si te parece bien —murmuro.
—Claro, son las cinco y media. Nos veremos mañana.
—Buenas tardes, Jack.
—Buenas tardes, Ana.
Recojo mi bolsa, me pongo el saco y me dirijo a la puerta.
Una vez en la calle, aspiro profundamente el aire de Seattle a primera hora de la tarde. Eso no basta para llenar el vacío de mi pecho, un vacío que siento desde el sábado por la mañana, una
grieta desgarradora que me recuerda lo que he perdido. Camino
hacia la parada del autobús con la cabeza gacha, mirándome los
pies y pensando cómo será estar sin mi querido Wanda, mi viejo
Escarabajo… o sin el Audi.
Descarto inmediatamente esa posibilidad. No. No pienso en
él. Naturalmente que puedo permitirme un coche; un coche nuevo y bonito. Sospecho que él ha sido muy generoso con el pago, y
eso me deja un sabor amargo en la boca, pero aparto esa idea e intento mantener la mente en blanco y tan aturdida como sea posible. No puedo pensar en él. No quiero empezar a llorar otra vez… en plena calle, no.

El departamento está vacío. Echo de menos a Kate, y la imagino
tumbada en una playa de Barbados bebiendo sorbitos de un coctel
frío. Enciendo la pantalla plana de la televisión para que el ruido llene el vacío y dé cierta sensación de compañía, pero ni la escucho ni la miro. Me siento y observo fijamente la pared de ladrillo. Estoy entumecida. Sólo siento dolor. ¿Cuánto tendré que soportar esto? El timbre de la puerta me saca de golpe de mi abatimiento y
siento un brinco en el corazón. ¿Quién puede ser? Oprimo el interfono.

—Un paquete para la señorita Steele —contesta una voz monótona e impersonal, y la decepción me parte en dos.
Bajo las escaleras, indiferente, y me encuentro con un chico
apoyado en la puerta principal que masca chicle de forma ruidosa y lleva una gran caja de cartón. Firmo la entrega del paquete y
me lo llevo arriba. Es una caja enorme y, curiosamente, liviana.
Dentro hay dos docenas de rosas de tallo largo y una tarjeta.

Felicidades por tu primer día en el trabajo.
Espero que te haya ido bien.
Y gracias por el planeador. Eres muy amable.
Ocupa un lugar preferente en mi mesa.
Christian


Me quedo mirando la tarjeta impresa, la grieta de mi pecho se
ensancha. Sin duda, esto lo ha enviado su asistente. Probablemente Christian ha tenido muy poco que ver. Me duele demasiado
pensar eso. Observo las rosas: son preciosas y no soy capaz de tirarlas a la basura. Voy hacia la cocina, diligente, a buscar un jarrón.






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Fifty Shades

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